Cuentos leves – XXXI

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Hace años que está varado en esa cama. Una infección en la médula le dejó casi tetrapléjico y arrasado por constantes dolores. A veces es como si le retorciesen los nervios, un infierno. Quizá por vivir así ha aprendido a valorar la cualidad infinitesimal de los momentos y su fugacidad. No hay grandes alegrías en su vida, pero sí dos momentos de paz que marcan sus días y los transforman en algo merecedor de ser vivido. Uno de ellos es cuando Lira aparece después de la comida y se sienta a su lado y le lee fragmentos de libros Sigue leyendo

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Cuentos leves – XXX

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Hay muchas teorías. Que si en el centro del Atlántico, que si entre las Columnas de Hércules, que si en la Antártida, que si Doñana. Pero a mí no me cuelan, conozco la verdad porque la descubrí una noche en el río de mi pueblo, aquí en las Rías Baixas. Era un lunes para martes, y desvelado por el insomnio, como de costumbre, fui a dar un paseo por el pueblo vacío. Siempre termino esos paseos en el jardín y su malecón de bancos de piedra. Sigue leyendo

Cuentos leves – XXIX

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Luces y sombras, no veo más que luces y sombras. Hace ya tiempo que rebasé el límite, y la irreversible degeneración macular de mis ojos es similar a la de un hombre de trescientos años de edad. Un deterioro imparable pero que me importa menos de lo que habría esperado. Lo peor es sentir la compasión de los demás y el modo en que intentan aplacar sus propias inseguridades y miedos. Me atosigan continuamente, y por eso intento escaparme de vez en cuando. Los médicos me han prevenido al respecto, me han dicho que Sigue leyendo

Cuentos leves – XXVIII

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A la mínima me largo. Ellos no lo saben, creen que estas rejas en las ventanas y en la puerta sirven de algo, pero se equivocan, porque cada día que pasa estoy más cerca de escaparme. En concreto, estoy más cerca con cada bandeja de papel de plata que me traen con las comidas, tres veces al día. Al irse y dejarme a solas, tiro la comida por el retrete y con el papel de aluminio tallo diminutas esferas. Se trata de un material perfecto, y ya tengo al menos mil guardadas en el armario, bajo las mantas. Cuando llegue el momento, y Sigue leyendo

Cuentos leves XXIV

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No me fío de las citas, pienso, mientras le doy un sorbo al vermut. Los cuarenta son la edad madura de la juventud, decía Víctor Hugo. Yo tengo cuarenta y tres, y una puta mierda para el francés. La gente joven está convencida de que posee la verdad, Jaume Perich. Otra tontería más. De joven no sabes nada. Pasan a mi lado un montón de chavales, cerca de aquí hay un instituto. Piercings, medias apretadas, cabezas medio rapadas, escotes y muchas tetas y Sigue leyendo

Cuentos leves XXII

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Salió en todos los periódicos. Manual Dawkins, vecino del pueblo, era el protagonista de una asombrosa historia de supervivencia. Reconocido senderista, Dawkings se había desorientado y llevaba varios días perdido en el desierto, sin apenas agua ni comida. Casi desfallecido, y resignado a la muerte, se sentó en una roca, la piel quemada por el sol. Y entonces, vio aparecer a un reluciente conejo de grandes orejas y pelaje blanco moteado de marrón. Según cuenta, Dawkins se levantó y echó a correr tras él, imaginándose la carne fresca y con la boca hecha agua. Aquel conejo representaba una prórroga en su batalla por Sigue leyendo