La vejez y la muerte (II): la anciana.

Mientras cocinamos en su cocina, la miro de reojo sin que se dé cuenta, la miro mirar el televisor sorprendentemente situado a unos cinco metros, al final de la sala oscura. En la cabecera de la mesa, junto a sus brazos, una copa de champán llena de vino tinto barato, una mascarilla de oxígeno, un pastillero de plástico, el mando del televisor. Cambia de canal constantemente, insatisfecha, ida. Su casa es un collage: suelo de cemento, una Sigue leyendo

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La vejez y la muerte (I): el anciano

El anciano es parco en palabras, nunca una de más, una que sobre, y siempre monosílabos. Dice tener 79 años, entre caladas a su pitillo y vaharadas de humo que le envuelven la cabeza. Sale a caminar por las mañanas por el centro de Bariloche, luego agarra el auto. No le importa nada, no le teme a nada, ni asaltos ni malas experiencias, nos ve en el arcén y nos sube. Fuma pitillo tras pitillo, el humo inunda el interior del Sigue leyendo

Si desaparezco

(para escuchar con Nord, de Balago)

Un impulso nos había llevado a aquella bahía. Tras toparnos con una carretera cortada, decidimos tomar el camino adyacente, una pista de tierra desmenuzada y cruzada por grandes surcos creados por las torrenteras del deshielo, sembrada de rocas que se desempeñaban desde la montaña. En un cartel gastado, se podía leer Skálavík (Bahía de las Cabañas), y un 6. La carretera, pegadita a un lateral del valle que se abría, nos Sigue leyendo

El enchufe y el envoltorio del caramelo

(texto recuperado, 2011)

Tumbado en la esterilla, me llega el olor de la esterilla. Plástico.

Abrid los ojos.

Enfoco la mirada, dejando caer la cabeza a un lado. Me encuentro con el enchufe, una pieza de plástico amarilleado por el tiempo, hundido en la pared y con dos agujeros gemelos. El polvo se acumula en su interior. Por un instante, me da la impresión de que respiro a través del enchufe, que el cosmos entra en mí a través de él. Y me pregunto

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El Ascenso (III): My city of ruins

III: My city of ruins

Las callejuelas del cementerio, estrechas y aglutinadas unas a otras como las del casco viejo de una ciudad medieval: oscuras, tétricas, vacías. Pienso, Tierra de huesos. Pareciera que las fachadas de los panteones se inclinan hacia delante, como a punto de caer, impidiendo que la luz se derrame en el interior de esos pasillos húmedos y de extraño olor dulzón. Mi padre no baja del coche. Imaginé el encuentro con la lápida de Sigue leyendo

La cortina

Me doy agua tras una hora de piscina. En el vestuario, cinco jubilados frotan sus carnes caídas y testículos colgantes con gesto indiferente y la mirada perdida en algún horizonte interior. Dejo caer mi tronco superior hacia los pies, colgando y estirando la espalda tras la sesión de yoga que precedió a la piscina. A mi izquierda, en uno de los privados, un niño de unos tres años mira el agua caer desde el pitón de la ducha, una lluvia que aplasta su pelo increíblemente rubio. Él gira sobre sí mismo, hipnotizado, Sigue leyendo