Un hombre enamorado… ¿de sí mismo? // Knausgård: Mi lucha 2

De Knausgård hablé por primera vez hará cosa de un año, tras leer la Mi lucha 1: La muerte del padre. Por entonces, me enfrenté al fenómeno literario de Mi lucha con ciertas dudas, y terminé con una mezcla de enamoramiento y desconfianza. Enamoramiento porque Karl Ove Knausgård (1968) escribe muy bien, rematadamente bien; desconfianza porque, ya entonces, intuía un algo de posible timo en su empresa de más de 3500 páginas. Así, a lo En busca del tiempo perdido.

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La desoladora España vacía

Uno se hace consciente del mundo mirando. Más allá de la capacidad de ver, mirar significa concentrar conscientemente la mirada, alejándonos de nuestro horizonte interior por un momento, y no es algo que se aprenda fácilmente. Hay que entrenarse. Y mi primer gran entrenamiento fue el Camino de Santiago (versión Norte: Irún – Compostela). Fue caminando que mi mirada aprendió. Quizá por ello, reconocí de inmediato esa capacidad de mirar en La España vacía (Ed. Turner), de Sergio del Molino.

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La lluvia amarilla, de Julio Llamazares

Recuerdo el estremecimiento que La carretera, de Cormac McCarthy, me iba provocando a medida que avanzaba en su lectura. La novelita del estadounidense entra por el tuétano, y desde aquel lejano 2009 en que McCarthy cambió mi forma de ver la literatura, ninguna obra me había provocado esa desazón. Hasta que llegó a mis manos La lluvia amarilla, de Julio Llamazares.

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Sobre profetas

El único profeta es uno mismo.

Vuestro dolor es la ruptura de la celda que encierra vuestra comprensión

Y en la vida encontraremos maestros, pero es crucial ser consciente de que nuestro propio espíritu alberga un profeta interior que debemos seguir usando nuestra intuición, una herramienta en la que podemos confiar a ciegas.

Dejad que los vientos del cielo dancen entre vosotros. Amaos el uno al otro, pero no hagáis del amor una atadura

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Desde el Norte: Auður Ava Ólafsdóttir

A Auður Ava Ólafsdóttir la conocí en un tiempo en que Islandia todavía representaba para mí un sueño lejano. El doctorado lucía eterno y el país nórdico era más un ancla, un anhelo para sobrellevar las frustraciones de una época crítica, que una realidad tangible o que formase parte de mi horizonte inmediato, como lo haría más tarde; más un espectáculo de belleza, que contemplaba en el Heima de Sigur Rós, que un lugar real Sigue leyendo

Paterson: el brillo de lo pequeño

Entro en el baño, mi novia está sentada en la taza. Empiezo a cepillarme los dientes, mientras ella me pregunta si haré cuscús con verduras para comer. Ayer por la tarde vimos Paterson, de Jim Jarmusch, y todavía resuenan en mi interior las campanas de la película, reverberando como cuando lanzas una piedra a un estanque y las ondas no se detienen durante un largo rato. Es porque Paterson es una obra de arte deliciosa, el tipo de película que parece pequeña, casi nimia, pero que resulta ser gigantesca y dejar un poso insobornable en nosotros.

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Mientras haya bares, de Juan Tallón

En la contraportada de Mientras haya bares, de Juan Tallón, se puede leer la opinión de su compañero de profesión, Manuel Jabois: “En todos los libros de Juan Tallón late siempre lo más difícil en un escritor: una voz propia”. Se trata de una afirmación excepcionalmente acertada, pues si algo caracteriza a Juan Tallón es un estilo reconocible tanto en sus libros como en sus columnas semanales en El País o El Progreso y artículos de la Jotdown. Una voz que todos los tallonistas (término acuñado por un admirador que sufre una curiosa maldición con los libros del escritor gallego) podemos reconocer en cualquiera de sus textos.

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Murray y la vida

De alguna forma, Cómo ser Bill Murray (que, aclaro, no es un manual de autoayuda), me recuerda la aquella extraña película, Cómo ser John Malkovich. Ambas comparten un bizarrismo difícilmente superable, aunque la película es ficción, mientras que en Cómo ser Bill Murray, lo que Gavin Edwards nos cuenta es la misma realidad. La identidad de Bill Murray, expuesta, resulta de una honestidad asombrosa. Un tipo estrambótico e imprevisible, y bueno.

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