Comentario sobre estilo

A continuación, un comentario sobre estilo, a partir de este texto de John Houston:

Más que identificarme con sus palabras o estar de acuerdo (o no) con ellas, en realidad me resuenan un par de sensaciones que Houston menciona en su texto. La primera, descrita así: “Yo no me veo a mí mismo como un realizador con un estilo propio. Me han dicho que lo tengo, pero no lo percibo.” Tampoco yo encuentro en mis textos un estilo propio o reconocible, más allá de determinadas expresiones concretas o palabras por las que siento una apetencia singular. Reconozco mis habilidades, intuyo conscientemente (parte de) mis defectos y, desde luego, enfoco la escritura de una manera singular, pero no creo tener un estilo. Sin embargo, igual que a Houston, otros me han dicho que lo tengo, usando frases como “este texto es muy tuyo, muy de Ernesto”. Pero, ¿en qué detectan mi estilo? La segunda, casi al final de su texto: “La idea de dedicarme por entero a una única ocupación en la vida es inimaginable para mí” resuena mucho conmigo. Me resulta casi imposible permanecer un día entero delante de la pantalla, estar concentrado en un texto más de una hora es extenuante. Esa forma de pereza, me genera la sensación de que jamás llegaré a ser un gran escritor por carecer de la dedicación, la intensidad, la absorción, de las grandes firmas. Porque a mí, como a Houston, también me interesan muchas cosas. Me interesa la ciencia, leer y descubrir los nuevos mundos de otros ojos, viajar a cualquier parte, me interesa respirar, experimentar, conocer personas y contar sus vidas, pero sobre todo, conocerlas; y pasar un día entero dentro de casa se me hace demasiado cuesta arriba porque siento que me estoy perdiendo algo. Así que, a ese respecto, concuerdo también con Houston. Y volviendo al estilo, me da la impresión de que siempre es algo que se siente en los demás, pero no en uno mismo, que bebe de mil fuentes distintas, de forma inconsciente en muchos casos, expresando la forma singular en la que cada ser humano siente el mundo.

 

Anuncios

Una manera algo rebuscada de hablar de La flor púrpura, de Chimamanda Ngozi Adichie

Estoy a puntito de terminarme La flor púrpura, de Chimamanda Ngozi Adichie. Me faltan cuatro o cinco páginas que me voy a reservar para la noche, cuando la oscuridad nórdica me abrigue y mi paladar literario esté libre de noticias de actualidad, artículos y demás textos con los que a veces nos bombardeamos quizá inútilmente. Bien se dice que la sabiduría no procede precisamente de la acumulación de conocimiento sino del uso que hacemos del mismo. De manera análoga, escribir no es lo mismo que hacer literatura.

Sigue leyendo

Espacios solitarios: La ciudad solitaria, de Olivia Laing

Vuelo Reykjavík – Madrid. Afuera, el frío de las alturas: sol y nubes. Viajo a España porque mi abuela se muere, lo cual también es una forma de literatura. Huyo de mi moleskine, junto a la bolsa de mareo y el folleto de publicidad de la compañía aérea, porque no quiero escribir este momento, y me sumerjo sumiso en las últimas páginas de La ciudad solitaria, de Olivia Laing (Capitán Swing), un tratado escalofriante sobre la soledad.

Sigue leyendo

Un hombre enamorado… ¿de sí mismo? // Knausgård: Mi lucha 2

De Knausgård hablé por primera vez hará cosa de un año, tras leer la Mi lucha 1: La muerte del padre. Por entonces, me enfrenté al fenómeno literario de Mi lucha con ciertas dudas, y terminé con una mezcla de enamoramiento y desconfianza. Enamoramiento porque Karl Ove Knausgård (1968) escribe muy bien, rematadamente bien; desconfianza porque, ya entonces, intuía un algo de posible timo en su empresa de más de 3500 páginas. Así, a lo En busca del tiempo perdido.

Sigue leyendo

La desoladora España vacía

Uno se hace consciente del mundo mirando. Más allá de la capacidad de ver, mirar significa concentrar conscientemente la mirada, alejándonos de nuestro horizonte interior por un momento, y no es algo que se aprenda fácilmente. Hay que entrenarse. Y mi primer gran entrenamiento fue el Camino de Santiago (versión Norte: Irún – Compostela). Fue caminando que mi mirada aprendió. Quizá por ello, reconocí de inmediato esa capacidad de mirar en La España vacía (Ed. Turner), de Sergio del Molino.

Sigue leyendo

La lluvia amarilla, de Julio Llamazares

Recuerdo el estremecimiento que La carretera, de Cormac McCarthy, me iba provocando a medida que avanzaba en su lectura. La novelita del estadounidense entra por el tuétano, y desde aquel lejano 2009 en que McCarthy cambió mi forma de ver la literatura, ninguna obra me había provocado esa desazón. Hasta que llegó a mis manos La lluvia amarilla, de Julio Llamazares.

Sigue leyendo

Sobre profetas

El único profeta es uno mismo.

Vuestro dolor es la ruptura de la celda que encierra vuestra comprensión

Y en la vida encontraremos maestros, pero es crucial ser consciente de que nuestro propio espíritu alberga un profeta interior que debemos seguir usando nuestra intuición, una herramienta en la que podemos confiar a ciegas.

Dejad que los vientos del cielo dancen entre vosotros. Amaos el uno al otro, pero no hagáis del amor una atadura

Sigue leyendo

Desde el Norte: Auður Ava Ólafsdóttir

A Auður Ava Ólafsdóttir la conocí en un tiempo en que Islandia todavía representaba para mí un sueño lejano. El doctorado lucía eterno y el país nórdico era más un ancla, un anhelo para sobrellevar las frustraciones de una época crítica, que una realidad tangible o que formase parte de mi horizonte inmediato, como lo haría más tarde; más un espectáculo de belleza, que contemplaba en el Heima de Sigur Rós, que un lugar real Sigue leyendo

Paterson: el brillo de lo pequeño

Entro en el baño, mi novia está sentada en la taza. Empiezo a cepillarme los dientes, mientras ella me pregunta si haré cuscús con verduras para comer. Ayer por la tarde vimos Paterson, de Jim Jarmusch, y todavía resuenan en mi interior las campanas de la película, reverberando como cuando lanzas una piedra a un estanque y las ondas no se detienen durante un largo rato. Es porque Paterson es una obra de arte deliciosa, el tipo de película que parece pequeña, casi nimia, pero que resulta ser gigantesca y dejar un poso insobornable en nosotros.

Sigue leyendo

Mientras haya bares, de Juan Tallón

En la contraportada de Mientras haya bares, de Juan Tallón, se puede leer la opinión de su compañero de profesión, Manuel Jabois: “En todos los libros de Juan Tallón late siempre lo más difícil en un escritor: una voz propia”. Se trata de una afirmación excepcionalmente acertada, pues si algo caracteriza a Juan Tallón es un estilo reconocible tanto en sus libros como en sus columnas semanales en El País o El Progreso y artículos de la Jotdown. Una voz que todos los tallonistas (término acuñado por un admirador que sufre una curiosa maldición con los libros del escritor gallego) podemos reconocer en cualquiera de sus textos.

Sigue leyendo