Huracán que arrasa con todo (Reseña de Temporada de huracanes, de Fernanda Melchor)

(también en Hablando con letras)

En pleno verano islandés, la luz lo inunda todo: no hay noche. Afortunadamente, porque acabo de terminarme Temporada de huracanes, de Fernanda Melchor (Literatura Random House), y lo hago con un profundo asombro, el aliento arrebatado, un mohín de desagrado en el rostro. La novela de la mexicana sobrepasa las páginas que debieran contenerla, y te salta a la cara, robándote todo atisbo de esperanza.

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Historia de una MILF: La señora Fletcher, de Tom Perrotta

«Era mucho más fácil ser una perdedora en la época anterior a las redes sociales, cuando la gente no estaba tan versada en restregarte las cosas, plantándote ante tus narices y en tiempo real la diversión que te estabas perdiendo».

Con esta cita, contenida en La señora Fletcher, Tom Perrotta nos indica que sabe de lo que habla. Y creo que todos en esta sala podríamos identificarnos con la afirmación. ¿Es cosa mía, o no hay más que triunfadores y gente feliz en las redes sociales?

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Autogol y muerte

(también en Hablando con letras)

17 de junio de 1994. España se enfrenta a Corea del Sur en su primer partido del Mundial de Estados Unidos. Quien esto escribe, con diez añitos, aguanta hasta las dos y pico de la madrugada para ver el partido, acompañado de mi padre, pero sucumbe al sueño tras una primera parte aburridísima. Duerme profundamente cuando España se adelante con un 2-0, que luego remontarán los asiáticos a cinco del final. El Mundial del 94 es el primero que recuerdo. Mientras a este lado del Atlántico, nos preocupaba si el Sigue leyendo

Llenarse la boca de pájaros

(reseña de Pájaros en la boca y otros cuentos, de Samanta Schweblin; también en Hablando con letras)

La lluvia insiste en golpear el cristal de la ventana: la primavera islandesa. En la baranda del balcón, descubro a un mirlo empapado. Imagino cómo será el sabor de su carne cruda caliente, las plumas pegadas al paladar y los labios, y me estremezco. Retiro la mirada. Imágenes desasosegantes de este estilo me impiden concentrarme en la reseña de Pájaros en la boca y otros cuentos, de la argentina Samanta Schweblin.

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Tres clásicos: Kadaré (y III)

De viaje por los sueños (totalitarios)

Por último, llegó a mis manos (virtuales) una obra que, quizá sin ser considerada todavía un clásico, es de las más laureadas del aún vivo Ismaíl Kadaré: El Palacio de los sueños. El autor albanés, uno de esos eternos candidatos al Nobel que, quizá por no escribir en inglés, jamás recibirá, permanecía en mi lista de pendientes desde hacía tiempo, he de reconocer que más por su exotismo que por otra cosa. A veces, las lecturas surgen de esa forma. Un día, descubres a un autor en una librería, así como de pasada, lees la sinopsis Sigue leyendo

Tres clásicos: Steinbeck (II)

Ratones planos

Después del clásico de Delibes, caí en De ratones y hombres, de John Steinbeck, publicada en 1937, once años que La sombra del ciprés es alargada. ¿Por qué Steinbeck? Por un lado, en la celebración del centenario de la revolución rusa, su Diario de Rusia ha salido a colación en algún que otro artículo, igual que el de su autor; y por el otro, en alguna parte encontré una referencia a la película basada en De ratones y hombres (1992). A los clásicos yanquis, quizá por su preeminencia, me acerco con la sospecha detrás de la oreja. Como mencioné unas líneas más arriba, obras como El lamento de Portnoy o El guardián entre el centeno, me decepcionaron ampliamente, y lo encumbrado al otro lado del Atlántico no tiene por qué ser, necesariamente, obra maestra. En todo Sigue leyendo

Tres clásicos: Delibes (I)

Clásicos. Sin entrar a indagar qué convierte a una obra en un clásico, lo cierto es que para el lector pertinaz, los así llamados desprenden una luz peculiar. Uno no sabe muy bien de dónde procede, si bebe exclusivamente de aguas literarias o hay algo más en el juego (politiqueo, amiguismo, coincidencia). A quien esto escribe, esa luz, ese esplendor, no le ciega. Aunque algunos clásicos me deslumbraron, a otros los encontré faltos de interés o con graves carencias. Me pasó con El lamento de Portnoy, de Philip Roth, o con el para mí decepcionante El guardián entre el centeno, de J. D. Sallinger. A veces, trato de convencerme de que quizá no abordé la obra con el ánimo necesario, o que me falta experiencia lectora para según qué obra. Por ejemplo, El Aleph, de Jorge Luis Borges me dejó frío, y sigo convencido de que no le leí en el momento adecuado. Aunque una Sigue leyendo

La mirada de los peces, de Sergio del Molino

(también publicada en Hablando con letras)

Qué difícil me ha resultado sentarme a escribir sobre La mirada de los peces, de Sergio del Molino. Recuerdo que también me costó con La España vacía, un ensayo sublime sobre ese espacio interior seco y casi muerto del estado español. Quizá se trate de algo de su forma de narrar; quizá cierta incapacidad de quien escribe (más que probable).

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Esta canción me recuerda a mí, de Joe Pernice

(también publicada en Hablando con letras)

Bendita literatura, que nunca se nos agota (aunque agoreros de toda clase aludan con frecuencia al apocalipsis). Hace unos días, pensaba con cierta preocupación sobre la mala suerte que tendría la siguiente novela en mi lista de lectura, mientras terminaba la colosal Solenoide, de Mircea Cărtărescu (que ni por asomo me atrevería a reseñar, todos tenemos nuestro límite). Equiparable a tocar en un festival después de Neil Young. Rebusqué en mi reducida biblioteca norteña, y encontré un volumen de Blackie Books que esperaba su turno: Esta canción me recuerda a mí, de un tal Joe Pernice. Que no solo ha logrado destacar a pesar de tocar después del autor rumano, aspirante al premio Nobel, sino que con su prosa fresca, deslenguada y directa, ha supuesto todo un bálsamo tras la tarea titánica de leer la ópera prima de Cărtărescu. A la novelita de Pernice llegué, por cierto, por recomendación directa de los libreros de la librería Cascanueces, en A Coruña, tras la presentación de mi primera novela. Tratándose de un blackiebook, no me cabía ninguna duda de que la calidad estaba garantizada.

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Un viaje familiar: reseña de Bilbao – New York – Bilbao, de Kirmen Uribe.

(también publicado en Hablando con letras, aquí)

Al enfrentarme a las primeras hojas de Bilbao – New York – Bilbao, de Kirmen Uribe, me atrapa una sensación familiar, que resuena como un eco con mi ascendencia emigrante. No tanto por el fenómeno de la emigración en sí, sino por el viaje personal que el autor vasco narra a través de toda su historia familiar, y que le hizo acreedor del Premio Nacional de Narrativa de 2008, en su debut como narrador.

Bilbao – New York – Bilbao transcurre en un vuelo entre ambas ciudades, a lo largo del cual Uribe desarrolla una narración en primera persona poblado de retazos de su historia familiar, recuerdos, cartas, poemas, documentos legales, anécdotas, historias de la tradición oral vasca, e-mails e incluso mensajes de Facebook, todo como parte de la investigación de una futura novela. Crea, de ese modo, un artefacto híbrido que es y no es una novela. Protagonista de su propio experimento, Uribe divide la obra en capítulos que marcan diferentes localizaciones geográficas por donde pasa el avión, pero esta división es ficticia, casi arbitraria (e innecesaria), pues el texto se ordena a la manera de un gran árbol, con un tronco central del que emanan ramas mayores y menores, conformando una fractalidad en la que, por momentos, es fácil perderse. Así, la historia va y viene sobre diversos motivos recurrentes, como el cuadro de Arteta, la triste historia de su padre o la del abuelo nacionalista pero también franquista, también historias de marineros y sus barcos, de islas perdidas en mitad del Atlántico. En realidad, todas estas historias secundarias giran en torno al proceso de búsqueda de sentido familiar de Uribe, personaje-autor y principal elemento cohesionador de una obra tan fragmentaria. Sigue leyendo