Viaje a Portugal – Día 6

(entra en la etapa anterior, Día 5)

día 6: Nazaré – Peniche

Hace frío al amanecer en el camping. Desmontamos la tienda por última vez. Es su vida, un ir y venir de desnudarse y vestirse. Existir y morir. Su vida y la nuestra. Echamos a andar hacia Valado. Me entero que la madre de Celia está bien. Angrois siempre pendiendo sobre nosotros, pero más apagado. Como se apagan las tragedias que ocurren en este mundo donde todo va a una velocidad obscena. El sol sube, mi corazón se enciende. Soy tan hipócrita que creo que la gente buena merece felicidad. Cosas incurables. Ya lo decía Ferreiro.

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Breve comentario sobre dos viajes futuros (pero seguros)

Hace unos días, releí con atención mis propias palabras al publicar el día 3 de mi Viaje a Portugal. Se trata de un fragmento en el que mi hermano y yo, marchando de Aveiro, hablamos de los viajes que nos gustaría hacer en la vida. De mi lado cayeron Islandia, la Sudamérica de Guevara y Granados, el Kumano Kodo, en Japón, la isla de Makatea, y me faltó citar el Transiberiano, cuyo trayecto de serpiente me fascina desde que hace años leí el En Siberia, de Colin Thubron. Por cierto, que lo de la isla de Makatea era una broma para molestar a mi hermano. De esa isla escribí, también hace tiempo: la única del Pacífico con Sigue leyendo

Viaje a Portugal – Día 5

(entra en la etapa anterior; Día 4)

día 5: Leiria – Nazaré

 

Leiria vacía es un cascarón urbano. Una falsa ficción post-apocalíptica. Es domingo. Parroquianos jubilados que también viven fuera de los días, como nosotros, desayuna en las cafeterías del extrarradio. El castillo a nuestras espaldas arroja una sombra inmensa. Esa larga recta que enfrentamos podría vivir en los alrededores de Chernóbil. Paramos en una cafetería y me tomo un té miserable, poco más que agua hervida, y uno de esos pasteles de nata que hemos visto en todas las pastelerías de Portugal y que son postre nacional: dulce, empalagoso. Me aturde la canela.

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Viaje a Portugal – Día 4

(entra en la etapa anterior, Día 3)

día 4: Coímbra – Leiria

Fuera, la gente trabaja. La que trabaja. El runrún es el de una ciudad grande. Veo la National Geographic en la tele sintiendo la vibración en el vidrio de las ventanas. Suena la siempre larga ducha de Alex. Tomo mis notas. Llegas a un sitio, te vas de un sitio. ¿Cómo sería mi vida si fuese recepcionista? ¿Cómo será la vida de la bella recepcionista de esta pensión barata? ¿La de su padre, la de su hijo? Nuestras chispas se han cruzado un momento, ahora se separan para siempre. ¿Qué será luego de su sonrisa vagamente tímida? ¿Y de nosotros?

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Viaje a Portugal – Día 3

día 3: Aveiro – Coímbra

Es un despertar agradable después de una noche de fantasmas. Habitación cálida de luz azul. Abajo, Alex mira en los ordenadores noticias del accidente que yo decido ignorar. El video dantesco del accidente me persigue, y es suficiente. En la cocina de ikea hay pastel de chocolate, té verde, sandía y bizcocho, es como la cocina de un apartamento tal cual sale en una revista de decoración: electrodomésticos integrados, madera de alcornoque, una pizarra. La cafetera sopla. Los hospedados parecemos una familia, incluso. Sobre la pizarra veo frases escritas con tiza, visitantes que han decidido de ser anónimos y buscan la permanencia en el trazo efímero de la tiza.

Aveiro duerme, es temprano. En la calle larga hablamos de los viajes ansiados. Yo, Sudamérica entera, a lo Che Guevara y Ablerto Granado. También Islandia, el Japón del Fujiyama y su Kumano Kodo, y la isla de Makatea. Alex, el Congo del coltán, Nueva York y San Petersburgo. Luego, en silencio, me pregunto cuántos de esos se nos cumplirán. Quizá ninguno. Quizá todos.

 

Algunas lecciones del Tao se filtran por la piel hasta llegar a la médula de los huesos. La mente no puede con tanta abstracción. Son juegos de contrarios que son iguales. Sigue leyendo

La senda estelar (libro)

Hará camino de dos años, María y yo nos embarcamos, tras un largo año de experiencias en Islandia, en el retorno a casa de la mejor manera que se nos ocurrió: haciendo el Camino de Santiago, en una ruta que comenzó en Irún (previo paso por Barcelona) y que nos llevó por la cornisa cantábrica hasta alcanzar el particular Campo de Estrellas que a todo gallego le hace estremecer.

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15 de diciembre; PEDROUZO – COMPOSTELA

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Senda Estelar 527

La esperanza es el sueño del hombre despierto. Aristóteles.

 

Negarse a narrar finales.

Llegamos a Compostela. Las calles no son las mismas porque ya no son mías. Meruxa.

Hace un año desde la última vez que besé este campo de estrellas, mi mirada ha cambiado. La ciudad luce vacía y triste, un animal descompuesto y que mira de reojo con la mirada agonizante.

La lluvia me sienta bien en la cara.

Por un momento, tengo la impresión de que el 2014 no ha existido, y que solamente fue una de esas fantasías irreales que se tienen en la adolescencia.

En el Obradoiro las dos torres de la catedral están cubiertas de andamios y pancartas de publicidad, exabrupto del hoy. Nos hacemos unas fotos disimulando una alegría que sentimos únicamente por momentos, como la caricia de las olas y la marea en la lengua de arena de una playa infinita, la doce. En la senda se vive bien, tan bien que ni siquiera creo que hayamos sido conscientes de ello en ningún momento.

Siento que necesito algo más. Un poquito más de esta cosa dulce-amarga.

Cierro los ojos un instante y trato de convencerme de que esto no ha sido más que la primera etapa de un camino mayor. A lo lejos, al abrir de nuevo los ojos, veo la silueta de mi hermano acercándose al centro de la plaza.

En el cielo, las estrellas invisibles señalando un camino.

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14 de diciembre; ARZÚA – PEDROUZO

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Senda Estelar 519

Podemos saber poco del futuro, pero lo suficiente para darnos cuenta de que hay mucho que hacer. A Turing.

 

Es curioso como ahora ya no hay prisa para nada. Nos levantamos tarde y salimos a desayunar los tres, mientras Jordi se escapa a alguna parte sin decir nada. En la televisión de la cafetería contemplamos un documental de domingo sobre ballenas y gorilas, pareja insospechada de un hilo narrativo invisible: el aparato está en silencio. Max nos habla de Sigue leyendo