Palabras desordenadas sobre Polonia (5)

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Escribo las dos postales, pero termino pronto. El espacio es pequeño, las ideas van justas. El hecho clave de una postal es el envío, no las palabras. Gestos sobre palabras. Emociones. En la pared frente a mí, una estantería algo impostada repleta de libros escritos en polaco.

Entre ellos, encuentro a Bolaño.

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Palabras desordenadas sobre Polonia (4)

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Grabado en piedra, una mujer alza un zapato para atizar a su marido, que al otro lado de la ventana, va borracho y con un ánfora de vino en la mano. En un rincón, vidrios de colores montados unos sobre otros. A sus pies, animales de granja tallados en bronce.

Tres postales engarzadas.

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Camino de Wroclaw, solos en el coche sobre la eterna llanura del sur de Polonia, muy cerca de la frontera con Eslovaquia, nos encontramos con ciervos patagónicos en la Valladolid polaca. Ahí es nada. Hay algunas cosas que no merecen explicación. Muchas de ellas, de hecho, pierden su significado al poco tiempo de ser planteadas y escritas. Como un chiste cuyo leitmotiv se disuelve en la nada. Que continúe la cháchara de esa música de cámara. Sigue leyendo

Palabras desordenadas sobre Polonia (3)

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Una amiga me cuenta que le corrían las lágrimas por la cara; otra, que se siente algo inmensamente especial e intenso; hay a quien, incluso, se le encoge el alma. En cambio, me sorprendo a mí mismo al no sentir gran cosa mientras hacemos la cola para entrar en Auschwitz. Me pasa cuando los sentimientos se dan por supuesto. Intento conectar con el horror, pero no hago más que pensar en Ignatius Farray haciendo chistes de judíos, y sé que no está bien, pero el aire de feria o parque de atracciones tampoco ayuda. Decenas de autobuses llegan y descargan volquetes de turistas.; la cafetería, también restaurante, es coqueta; hay varios puestos de suvenires, una estafeta de correos. Cuando logramos entrar, me entretengo observando a una manada de adolescentes que se hacen un selfi, locos de alegría, frente al Arbeit macht frei, mientras a su lado una anciana de mirada nublada se agarra a un ramo de flores. Las alambradas en contraste con el cielo gris dan para una buena foto, son muchos los que se acercan y dan con la imagen de Instagram Sigue leyendo

Palabras desordenadas sobre Polonia (2)

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Camino de Cracovia, mientras los demás hablan de las bondades y merecimientos de la nueva edición de OT, de Amaia y gente que no conozco de nada, cuyo nombre apenas me suena, algo en el paisaje que nos rodea, llano y con alguna que otra arboleda aislada, casitas y granjas diseminadas aquí y allá, me llevan a pensar en cuando el cochazo de un esnob me llevó a 230 km por hora de Madrid a Salamanca. A pesar del vértigo de la velocidad, yo me dejé hundir en el comodísimo asiento del copiloto, mientras el petardo hablaba de la city y las ventas, la empresa, el mercado, de una lejana época universitaria que más bien creo que no llegó a suceder, que se inventaba sobre la marcha, yo me dejaba ir y el hombre hablaba mientras, atrás, dos mujeres de mi edad atendían con más o menos interés. Recuerdo que una de ellas escribía en la Playground, fue la que me prestó un cargador para poder comunicarme con la prima de Paula. Y entre el vértigo y la modorra de saber que todo se había encauzado finalmente, frente a mí se extendía una llanura casi sin fin, el horizonte preñado de unos nubarrones negros, amenaza de tormenta. Recuerdo deslizarme a una educada somnolencia, llena de placer, y en las señales de la autovía, el cuentakilómetros de Salamanca reduciéndose…

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Viaje a Portugal – Día 6

(entra en la etapa anterior, Día 5)

día 6: Nazaré – Peniche

Hace frío al amanecer en el camping. Desmontamos la tienda por última vez. Es su vida, un ir y venir de desnudarse y vestirse. Existir y morir. Su vida y la nuestra. Echamos a andar hacia Valado. Me entero que la madre de Celia está bien. Angrois siempre pendiendo sobre nosotros, pero más apagado. Como se apagan las tragedias que ocurren en este mundo donde todo va a una velocidad obscena. El sol sube, mi corazón se enciende. Soy tan hipócrita que creo que la gente buena merece felicidad. Cosas incurables. Ya lo decía Ferreiro.

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Breve comentario sobre dos viajes futuros (pero seguros)

Hace unos días, releí con atención mis propias palabras al publicar el día 3 de mi Viaje a Portugal. Se trata de un fragmento en el que mi hermano y yo, marchando de Aveiro, hablamos de los viajes que nos gustaría hacer en la vida. De mi lado cayeron Islandia, la Sudamérica de Guevara y Granados, el Kumano Kodo, en Japón, la isla de Makatea, y me faltó citar el Transiberiano, cuyo trayecto de serpiente me fascina desde que hace años leí el En Siberia, de Colin Thubron. Por cierto, que lo de la isla de Makatea era una broma para molestar a mi hermano. De esa isla escribí, también hace tiempo: la única del Pacífico con Sigue leyendo

Viaje a Portugal – Día 5

(entra en la etapa anterior; Día 4)

día 5: Leiria – Nazaré

 

Leiria vacía es un cascarón urbano. Una falsa ficción post-apocalíptica. Es domingo. Parroquianos jubilados que también viven fuera de los días, como nosotros, desayuna en las cafeterías del extrarradio. El castillo a nuestras espaldas arroja una sombra inmensa. Esa larga recta que enfrentamos podría vivir en los alrededores de Chernóbil. Paramos en una cafetería y me tomo un té miserable, poco más que agua hervida, y uno de esos pasteles de nata que hemos visto en todas las pastelerías de Portugal y que son postre nacional: dulce, empalagoso. Me aturde la canela.

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